En unos años me veo a mí misma cumpliendo metas, alimentando más sueños, dejando crecer las alas de mi alma. De pronto, alguien me pregunta si necesito amor. Creo que todos necesitamos un poco de amor, ¿no? Empezando por amarse a uno mismo, para tomar más tarde el riesgo de recibir el amor de alguien más. Y cuando digo alguien más no tiene por qué aparecer una pareja; precisamente ahora soy feliz con el amor de mis amigos. Pocos, sí, pero valiosos.
En medio de mis ilusiones y pensamientos, alguien más me pregunta: y si conocieras a alguien asexual, ¿serías capaz de iniciar una vida junto a esa persona? Sin dudarlo, una sonrisa brilla en mí con tan sólo imaginar esa posibilidad. ¡Claro que sí! Encontrar en otro no sólo la semejanza de "ser asexual", sino entendimiento, confianza, respeto, cariño, fuerza...son cosas que, quizás no todos pero sí muchos, estarían dispuestos a experimentar y sentir en sus vidas.
Poco a poco mis ideas se transforman en acciones y es allí cuando recuerdo que tengo un presente. Un presente por disfrutar, por valorar, por inmortalizar. Porque hoy prefiero admirar lo que tengo. Si algo me faltase algún día, sabré que por algo será, y por ahora no debo preocuparme, o mejor dicho, puedo ayudar a que las preocupaciones huyan de quienes que me rodean, de quienes aprecio.